Desde 2008, la economía mundial ha estado sujeta a algunos ajustes que se tradujeron bajo el común denominador de una crisis. Como es de esperar, las décadas anteriores, que significaron una apertura como nunca antes de los mercados internaciones y reorientando tanto los rubros como las geografías de las inversiones rentables, agotaron su prosperidad creciente.
En 2009, la crisis fue evidente en los países sudamericanos que a través de esos años no sólo fueron los mayores beneficiarios del capitalismo financiero de finales de siglo (podemos decir que la faceta neoliberal del capitalismo comienza a hacerse fuerte a mediados de la década de 1970) sino que coincidieron en ser los países que en principio trazaron las principales directrices del nuevo modo de acumulación de capital. Centenares de entidades bancarias presentaron quiebra, y se produjo un importante receso en la próspera economía de estos espacios.
El estado de las inversiones rentables
Debieron llevarse a cabo salvatajes financieros a cargo del estado, tanto para entidades bancarias así también como para importantes empresas, tal el caso de Estados Unidos, donde la gestión del presidente Barak Obama debió interceder desembolsando cientos de miles de millones de dólares para que la crisis no acabara con una de las principales y más históricas entidades financieras del país, Lehman Brothers, que había presentado quiebra el 15 de septiembre de 2009, o la Fannie Mae, la Asociación Federal Nacional Hipotecaria.
Las dificultades presentadas por estos dos colosos estadounidenses, generaron zozobra y un cambio de pensamiento empresarial respecto de qué rubros de la economía podían ser considerados como inversiones rentables.
A diferencia de lo que había ocurrido varias veces en las últimas décadas, esta vez no fue una de las crisis de la periferia (lo que otrora se llamaba Tercer Mundo o países en vía de desarrollo) sino que, por el contrario fue una crisis del centro, originada por estas entidades estadounidenses, la que terminó afectando a la periferia.
Paradójicamente, algunos países del sur, como los que integran el Mercosur, pudieron pasar los peores momentos de la crisis sin sufrir colapsos. Por el contrario, es de destacar que el progresivo desmantelamiento de las agresivas políticas neoliberales que tipificaron el perfil económico de los países de América del sur en los últimos treinta años, permitió que la crisis se encontrara con estados más fuertes, capaces de tomar decisiones necesarias y de llevar adelante políticas de gestión y desarrollo social.
En tiempos de crisis, la región se muestra como un espacio próspero, adecuada para eficientes inversiones rentables, siendo Brasil el principal exponente industrial de las últimas décadas y donde Argentina mostró una creciente tendencia a la generación de puestos de trabajo en medio de la crisis mundial.
Contrariamente a los países de América del sur, cuyo la región conocida en términos económicos como la eurozona, mostró a flor de piel los embates de la problemática financiera. Algunos de los principales países se vieron afectados, lo cual se evidenció en una contracción del crecimiento.
Tal fue el caso de Alemania, de Francia, de España. El freno al crecimiento, no sólo fue seguido de un retraimiento poco acostumbrado, sino que fue inmediatamente acompañado con una marcada tendencia al desempleo. En Asia, por su parte, fue Japón quien esperablemente acusó más visiblemente los efectos de la crisis.
En medio del contexto mundial, los países sudamericanos se han mostrado como opciones de confianza para realizar inversiones rentables, principalmente en algunas ramas de la industria, en el sector de servicios turísticos y muy especialmente en la producción alimenticia, uno de lo pilares determinantes de la crisis.



